3.1.08

III Parte Un tour por Mendoza y Chile

Al día siguiente tomé un taxi, rumbo al Terminal internacional. Me despedí de dos amigas para volver a verlas en algún nuevo Congreso de Bibliotecarios. Me emocioné cuando ya iba en el taxi, miré hacia a tras y vi los cinco días en Mendoza tan completos de amistad y buenaventura.

Cuando llegué al Terminal conversé con varias personas, pero sentía algo extraño, sabía que volvería a Chile, a mi casa, pero no sé algo en el ambiente me hacía sentir vulnerable. De pronto fui a dejar mi mochila y vi a un hombre alto, un gringo. Él me vio, yo lo vi.

Me subí al bus y bueno, el mismo joven se sienta a mi lado. Coincidencias. Luego comenzó a toser, parece que le molestaba el clima, hasta que preferí preguntarle, qué era lo que le ocurría, me dijo que había estado haciendo deporte y muchas cosas, así es que si estornudaba sentía alivio.

Eres español – Le pregunté. No, alemán – Respondió.

Yo estaba muy cómoda en el bus, traía chocolates, había podido traer todo lo que quería, lo que más me interesaba era traer mate, el verdadero, el que tiene palos gruesos.

Comencé a conversar con mi acompañante de bus, empático él, además venían mostrando una película de Jim Carrey, sus gestos nos hacían reír mucho.

A ratos nos mirábamos, así como; ¿quién eres tu?, ¿quién soy yo? También había silencio, eso es muy importante, una amiga mía dijo que no hay comunicación más comunicativa en donde las palabras han sido reemplazadas por el silencio, sabia ella.

Y así avanzaba el viaje. Pasamos el cerro Aconcagua, el cual yo no conocía y ante sus preguntas geográficas me sentía ignorante, pero me defendía con lo que mi mente me aportaba en el momento.

Cuando pasamos por la aduana yo sentí temor por los perros, eran esos blancos especialistas en encontrar drogas, olían todo, los sentí cerca de mis pies, tuve susto, pero Fabián estaba al lado mío, era como si me estuviera protegiendo, yo estaba silenciosa mientras completábamos la ficha con los datos personales, él hacía lo mismo. Cuando tuvimos que bajar las cosas del bus, él hizo todo.

Cuando llegamos al Terminal de Santiago, se le acercaron algunas personas para ofrecerle un lugar para alojar, Fabián no les habló. Yo, por mi parte, lo acompañé a la estación del metro para dejarlo allí, él me preguntó si al día siguiente yo iría al centro, yo le dije que lo más probable era que si, me pidió que lo acompañara, que fuera su guía turística. Yo acepté. Le di mi teléfono de casa y mi correo electrónico y nos despedimos.

Al día siguiente, martes exactamente, nos juntamos en la estación de metro Santa Lucía, el día estaba precioso, eran días de octubre, plena primavera. Fuimos al banco, caminamos por las calles principales del centro, luego fuimos al Parque forestal y luego al cerro San Cristóbal. Para mí era reconocer la capital de nuevo, verla desde lo antiguo o lo bello que quedaba, recordar el pasado, ciertos edificios, descubrirla para un amigo que venía desde tan lejos a conocer Chile. Entre caminar y conocer nos tomábamos fotografías, nos reíamos mucho, compartíamos algunas frases en alemán. Fabián andaba solo como un viajero, a cada rato sentía hambre, así es que mejor le dije que viniera a mi casa a almorzar, para evitar tener que ir a cada rato a un restaurante.

El miércoles me levanté temprano, me sentía muy agotada, me puse a hacer aseo y preparar algunos detalles para el almuerzo, hice papas cocidas con mayonesa, carne y ensaladas, a la una del día fui a buscar a Fabián. Pasamos al supermercado, él compró vino y jugo para salir nuevamente. Llegamos a mi casa, conoció a mi padre, ambos fueron simpáticos, Fabián tenía una capacidad de adaptación increíble, pese a que no entendía todo, él comprendía o al menos eso intentaba. Luego de almorzar y ver Internet nos fuimos al centro para que Fabián conociera el Museo de Bellas Artes. A mí me agradaba mucho Fabián, me hacía reír, no sé si era su carácter combinado con el mío o qué, pero me parecía haber conocido a alguien que ya conocía, con una química excepcional.

Estuvimos en el museo, Fabián me decía que yo no debía hacer todo lo que él quisiera, debía decidir, yo tenía mis propios gustos, como tomar café y fumar cigarros, pero no sabía si él compartiría mis gustos, de modo que a ratos le pedía que nos sentáramos en un lugar para descansar y me diera tiempo de fumar. Luego de ir al museo fuimos al Cerro Santa Lucía, estuvimos mirando desde lo alto las superficies de los edificios como la Biblioteca Nacional y departamentos cercanos. A ratos Fabián escribía postales y me decía que necesitaba solucionar unos problemas en Internet, debía finalizar su postulación a una beca en Alemania, yo le dije que nos coordináramos, en alemán se dice igual esta palabra, así que a ratos nos entendíamos, además yo me tenía que juntar con una amiga y se lo quería presentar. Fabián me había mencionado que quería viajar a Valparaíso, yo podía ir con él, pero tenía que gestionar nuestra estadía con mi hermano, ni siquiera había pensado en esa posibilidad, me sentía cansada, agotada, con ganas de tener días para pensar, pero todo era tan rápido, tan intenso que no me detuve ni un minuto. Más tarde, mi amiga llegó a nuestro encuentro, Fabián comió algo y nosotras nos pusimos a beber cerveza.

Cuando Beatriz llegó a juntarse con nosotros yo pensé que Fabián se iría pronto. Imaginé que no hablaría mucho, que no se interesaría demasiado en nuestra conversación. Ocurrió todo lo contrario, él se mostraba muy interesado de entendernos y conocer nuestras vidas, lo que bebemos o cómo carreteamos, eso a mí me agradaba cada vez más.

Mientras hablábamos en medio de la cerveza, Beatriz nos dijo que por qué no íbamos juntos a Valparaíso. Fabián dijo que a él le gustaría mucho que eso ocurriera. A mí él antes ya me lo había insinuado, pero yo no decidía si ir o no. De un momento a otro decidí decir que si, la vida es ahora, solo tenía que llamar a mi hermano para que en Valparaíso nos recibiera en su casa y listo, no teníamos por qué tener algún problema.

Yo viajé a Mendoza por unos días, volví a Chile y seguí viajando, conociendo, en realidad si hubiese tenido más dinero me habría ido a cualquier parte con Fabián. Importa mucho la compañía, y sobre todo tener gustos o formas parecidas. El día que no nos vimos, tuve muchas cosas que hacer. Fui a la Feria del libro de la estación Mapocho, me junté con una amiga y estaba obstinada por terminar una fábula, tenía ansiedad de hacer cosas, una tras otras, no paraba y entre los preparativos de la mochila se me fue la tarde.


1 comentario:

Hipoceronte dijo...

Muy talentosa para narrar Silvita.
Feliz año nuevo y estoy seguro que este año va a estar cachilupi.