16.10.07

Nada menos que la vanguardia

Juan Luis Martínez: un poeta silencioso

Por: Silvia Martínez Iglesias

No pretendo nada. Nada de nada. Pretendo tan poco de todo en verdad. En mi primera juventud fui un sujeto bastante rebelde, y llevé mi vida hasta los márgenes sociales. Buscaba algo que ni siquiera sabía bien que era y la poesía me mostró otra vida que me permite la aventura en el plano verbal y la transgresión de los códigos en ese plano. Palabras de Juan Luis Martínez.

Juan Luis Martínez nació en el año 1942 en Valparaíso y falleció el 29 de marzo de 1993. El artista trabajó en una especie de taller personal, que incluía una enorme biblioteca, en donde encontrar más que buscar sería la aplicación más inconveniente para el propósito de indagaciones analíticas en su obra.

El poeta ha pasado a la historia de la literatura chilena por haber fusionado su personal búsqueda de expresión lingüística con un innovador uso de la diagramación y con la utilización de recursos –dibujos, objetos, fotografías y collages- propios de las artes visuales.

“En mi primera juventud fui un sujeto rebelde, y llevé mi vida hasta los márgenes sociales. Buscaba algo que ni siquiera sabía bien qué era y le poesía me mostró otra vida que me permite la aventura en el plano verbal y la transgresión de los códigos de ese plano.” Palabras del autor.

Las obras del poeta Vicente Huidobro y Lewis Carroll fueron sus lecturas más cercanas. Martínez, en su obra ideó collages de funcionamientos disparatados, como un perro de madera con ruedas y cajas que simulan tecnologías risibles, golillas que se desplazan, bolas de colores que buscan ineficazmente el movimiento perpetuo.

Hugo Rivera, artista visual graduado en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, pasó a ser Jefe de Carrera de Pedagogía en Artes Plásticas desde su fundación hasta septiembre de 1973. En ese contexto epocal se convierte en depositario de la fraternal amistad de Juan Luis Martínez.

Otros intelectuales como Juan Cameron dan testimonio sobre el periodo en que conocieron al artista, en lo que él mismo llama “prehistoria literaria”, a fines de los sesenta, en reuniones callejeras a las que acudía con hojas sueltas en las que se burlaba de ciertas creaciones ultra intelectualizadas. Eran los años irreverentes, Cameron lo evoca así: “Juan Luis fue una figura en Viña del Mar. El joven rebelde que burlaba a la policía en motoneta o gustaba de trenzarse a bofetadas con los capos mafiosos de Valparaíso, pronto pasó a ser un respetable intelectual. Muchas son las anécdotas en torno a esa época; y ellas forman parte hoy de otro mito, apenas conocido por quines fuimos sus cercanos. El resto es pura literatura o literatura pura”.

En 1971 se casó con Eliana Rodríguez y tuvo dos hijos. Martínez gozó de un ocio duchampiano sin el cual se vuelven incomprensibles sus trabajos. Ocho años invirtió en La nueva novela y dieciséis en el libro en el que aún trabajaba al momento de morir. El poeta fue la antítesis del hombre exitista. Quienes lo visitaban, cuentan que era común encontrarlo mirando por la ventana del living hacia el vacío de la calle. Era muy tranquilo Juan Luis.

“Soy un poeta apocalíptico. Creo en el fin de una época. Se perdió la imagen sólida del mundo. Los conocimientos acumulados solo han servido para la confusión. Nuestra confianza en el lenguaje también se ha perdido. ¡Cosa terrible! Ahora tenemos que informarnos para hablar.” Le dijo a la periodista María Ester Roblero.

Entrar por la ventana a una obra implica sumergirse en un caleidoscopio de hojas blancas, negras, transparentes, secantes, con anzuelos perforados, impresos al revés y al derecho con instrucciones, notas y referencias, entre otras. Y en Juan Luis, que ya sabe que no hay originalidad, trabaja el libro con retazos, recortes, collage, citas, entre tantos símbolos recopilados por el autor.

En su vida, apareció un tiempo de enclaustramiento. Una soledad que mayormente fue motivada por el deterioro de su salud. La mayor de sus dos hijas, Alita Martínez, atribuye el aislamiento de esta última etapa a una opción vinculada con el sentido de su obra. “Le gustaba el anonimato no para forjar un mito a su alrededor, sino simplemente porque no necesitaba ser adorado, no era su propósito; su significado ante la vida era el agua que tomaba cada mañana al despertar, y luego un par de litros más durante el día. Él no quería fama, no la necesitaba para estar seguro de que lo que hacía era lo que más amaba”.

Su familia admite que la suma de su conocimiento y su carácter intimidaban a algunos, lo que redujo su círculo de amistades casi exclusivamente a un grupo de jóvenes con los que discutía largas y cansadoras jornadas. De vez en cuando, lo visitaban intelectuales extranjeros de renombre, como Félix Guattari, uno de los máximos exponentes de la antipsiquiatría. La conversación que tuvieron en Villa Alemana el 19 de mayo de 1991 fue reproducida en el libro El devenir de la subjetividad, de Féliz Guattari y en la revista “Matadero”, julio – agosto, 2000.

Alita Martínez confidencia que su padre tenía la sensibilidad que proviene del sonar de los murciélagos. Vibraba en una realidad a mayor velocidad que el resto. Era lo que en nuestra concepción del lenguaje llamaríamos un visionario. Así fue como un domingo por la noche, luego de tomar su último vaso de agua decidió que ya era el tiempo de partir, dejando como legado una inquietante obra y un misterioso libro sin publicar.

“Era un hombre carismático, genial. Cuando una vive durante 23 años con alguien sigue sintiendo hasta su respiración, te empapas de su personalidad y te das cuenta de la impresión que causaba en la gente”, afirma Eliana Rodríguez, viuda de Juan Luis Martínez. Se queja, sin embargo de que a más de una década de su muerte, haya más trabajos dedicados a su obra en el extranjero que en su propio país, y advierte que todas las iniciativas para mantener su recuerdo las han promovido ella y algunos poetas jóvenes sin ninguna ayuda de las autoridades. Situación que reproduce lo que sucedió mientras vivía. Fundación Andes, recuerda, fue la única institución que le prestó apoyo, concediéndole una beca recreación en 1991.

Los restos del poeta descansan en el cementerio Nº 2 de Valparaíso. Cerro Cárcel. V región.

Bibliografía

Del autor

La nueva novela 1977

Obra que utiliza como soporte el collage. Durante años fue preparando sus collages, que son la prolongación de La nueva novela. Uno de aquellos “trabajos visuales” se titula Campo de cerezas 1975, donde aparece el rostro adolescente de Rimbaud. Otro se llama Vitrina para el poeta Raymond Queneau, del mismo año. Martínez no es ajeno a esta situación y en no pocas de sus obras se manifiesta la presencia de otros vates como él.

En esta obra existe una presencia de Lewis Carroll y su Alicia en el país de las maravillas, juegos de lógica y páginas extrañas, como transparencias y combinaciones de paradigmas que hacen que el lector observe la obra desde muchos vértices.

La poesía chilena 1978

Este libro fue publicado en un momento de fuertes restricciones en la lectura política de nuestro país. La presencia de la serie de banderas chilenas entre las páginas de este libro produjo algunas inquietudes en relación a la ambigua oscuridad del gesto.

La obra ha sobrevivido al paso de los años. Es fascinante el modo como Juan Luis Martínez logra unir en el aire sus filiaciones culturales y a la vez dejar huella de asuntos bastantes inefables.

Poemas del otro 2003. Sustancioso conjunto de versos. El volumen también incluye poemas de Martínez publicados en diversas revistas y varias entrevistas realizadas al escritor. En Poemas del otro, el autor ofrece cuestionamientos de índole existencial, arrebatos eróticos, reflexiones sobre el dilema de la creación literaria, meditaciones acerca de la naturaleza del amor e indagaciones a partir del tema de la identidad, plasmados en versos inquietantes. El libro Poemas del otro, apareció en la conmemoración de los diez años de la muerte de Juan Luis Martínez, es el primer libro de una colección que la Universidad Diego Portales dedicará a la difusión de grandes autores de la literatura nacional.

Para escribir este artículo

Merino, Roberto. (Juan Luis Martínez) Juegos de la lógica. Revista de libros El Mercurio Nº 483, sábado 8 de agosto de 1998. P. 4 -5.

Nordenflycht Concha, José de El gran solipsismo. Puntángeles: Universidad de Playa Ancha; Valparaíso, 2001. 124 p.

Véjar, Francisco. Arte y poesía: Caleidoscopio encantado. Revista de Libros El Mercurio Nº 668, sábado 23 de febrero de 2002. P. 4 -5.

Castillo, Rodrigo. Publican poemas inéditos del mítico Juan Luis Martínez. Las Últimas noticias. Miércoles 10 de septiembre de 2003.

Guerrero, Pedro Pablo. Mito póstumo: Una figura que crece con los años. Revista de libros El Mercurio. Nº 725, sábado 29 de marzo de 2005. P. 6 -7.

Valente, Ignacio. Buena poesía a secas: Juan Luis Martínez contra el olvido. Revista de libros El Mercurio. Nº 725, sábado 29 de marzo de 2005. P. 7.

Textos

Érase una vez la realidad

con sus ovejas de lana real

la hija del rey pasaba por allá

y las ovejas balan Dios qué bella está

la re la re la realidad

En el trono había una vez,

y se aburría, un viejo rey

que por la noche perdía su manto

y por reina le pusieron al lado

a la re a la re a la realidad

Mi nombre, mi rostro, todo aquello que no me pertenece

lo doy como forraje al público insaciable

la verdad la comparto con los míos.

Por: Silvia Martínez Iglesias

15.10.07

Y otro más...

Oscar Hahn nació en Iquique en el año 1938. Este poeta es un hombre alto, de armoniosa presencia, introvertido y serio. En el ámbito profesional, estudió Literatura en la Universidad de Chile, luego es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Iowa, USA. En 1985, Enrique Lihn y Pedro Lastra publicaron Asedios, compilación de diversos estudios sobre su poesía. Alrededor de diez tesis doctorales se han ocupado de su obra. Oscar Hahn es uno de los poetas chilenos más antologados internacionalmente.

Sus versos poseen una cotidianeidad especial entre las sábanas, las toallas, hilos y objetos pertenecientes a la vida de cualquiera. Leer a este sensible poeta provoca enamorarse de nuevo y esto puede ser en el metro, en un motel, en la calle, en una esquina, en el bus o en la cama, en la cocina, en el living o en el jardín, por ejemplo. Su poesía llama lo erótico, lo sensual y amoroso del amor. Y eso agrada mucho, porque hace falta amor, lo que más hace falta es amor.

Hace un par de años, el poeta se presentó en la Sociedad de Escritores de Chile, en un encuentro realizado especialmente para comentar su obra y conocer más al poeta. Recuerdo que apareció muy sencillo, silencioso, muy observador del público presente. Al momento que comenzó a hablar se relacionó con los lectores de una forma empática, lo cual vuelve a lucir su sencillez y entrega dentro de su obra y la vuelta y revuelta de su versos entre muchos lectores de Chile. Hubo una situación que la recuerdo, porque un lector le habló al poeta y le señaló, más o menos en estas palabras:

- A mí me ocurrió algo con uno de sus poemas del libro Mal de amor, en el metro leí un poema, yo estaba sentado, luego me puse de pie y el poema ya no me gustó. – Curiosa anécdota. Aparte a esto y finalizada la reunión, uno como público se podía acercar a él, y ni un problema, incluso le pedí que me firmara unos de sus poemas en un papel negro, libre de ácido y él observó esto, yo quería regalárselo, pero él, prefirió darme su autógrafo. Gracias, le dije.

Bibliografía

Arte de morir, 1977

Mal de amor 1981

Imágenes Nucleares, 1983

Flor de enamorados, 1987

Tratados de sortilegios, 1992

Versos robados, 1995

Poemas destacados

Hilo

He perdido el hilo de mi pensamiento

se me ha enredado en el cuello

y cada vez que trato de pensar

el hilo se estira y me aprieta la garganta

lo mejor es dejar la mente en blanco

y no pensar en nada sobre todo en ti

a ver si el hilo se afloja y puedo respirar tranquilo

pero no pensar en nada sobre todo en ti

es el hilo blanco de las misma madeja

hilo negro que aprieta o hilo blanco que se escurre

los dos me dejan marcas en el cuello

Fantasmas en forma de toalla

Sales de la ducha chorreando agua

y te secas el cuerpo con mi piel de toalla

Y hay algo que te empuja a frotarte y frotarte

entre los muslos húmedos

entras en un terrible frenesí

en una locura parecida a la muerte

hasta que otra humedad más densa que el agua

te empapa la carne con su miel pegajosa

y tú aprietas las piernas y gimes y gritas

y yo te lamo entera con mi lengua de hilo.